El hombre del Violonchelo.


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El hombre del Violonchelo.

El cielo encapotado escupía cristales de hielo en una gélida mañana de Navidad.
Las notas de un violonchelo quizá muy viajado, llenaban de vida la esquina de esa elegante avenida.
Mientras el músico luchaba contra los elementos, intentaba crear una melodía para el goce de los transeúntes que aunque apenas le miraban, el sentía que le escuchaban y quizá alguno contribuiría a sufragar la cena de Navidad.
El goteo de monedas caía lentamente en el estuche de su instrumento, pero esto no amilanaba al músico que jugaba a crear arte.
Había llegado del frio de Rumanía, donde el hambre de trabajo y pan era brutal, pensando que en nuestra Patria podría hasta comer una vez al día.
Alzaba la vista al cielo e intuía que llegaba el mediodía, pero sus notas no atrapaban a nadie por lo que tendría que seguir tocando en soledad.
De repente una vivaracha chiquilla rubia , se acerca al hombre, espera que este termine la pieza y con desparpajo infantil le dirige la palabra.
Señor estudio en el conservatorio y toco el violín, voy a casa, pero me gustaría tocar con usted.
El músico la mira perplejo y la responde.
Chiquilla no te podré pagar.
Si lo hará, se lo aseguro.
¿Podemos empezar?
Se ponen de acuerdo y suenan las notas de un villancico.
Noche de Paz.
Una vez más la magia de la Navidad obra un milagro, las monedas caen en el estuche fluidamente, mientras que los instrumentos suenan celestialmente.
Termina el villancico y una lágrima resbala por la mejilla del violonchelista, al tiempo que un aplauso llena el improvisado auditorio.
Entonces emocionado se acerca a la niña y la entrega un beso.
Esta dichosa, por el éxito logrado, le responde.
Ve como podía pagarme.

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