El modelo.


1762019223_c57dac0418_bEl modelo.

Recordaba cómo le contrató la profesora de la pequeña academia de pintura donde posaba. Era una mujer relativamente joven, esbelta y con una fisonomía peculiar. Sus labios rojos la daban un aspecto de mujer liberal y abierta, cosa que por otra parte no demostraba.
Con una voz dura, le interrogó sobre su experiencia para escuchar que era nula, algo contrariada y con ánimo de librarse de él le ordenó que se desnudase. Contemplándole descaradamente le adujo que posaría ante pintores de ambos sexos, que tendría que aprender rápidamente a entender que cualquier rincón de su cuerpo podía ser objeto de ser  plasmado sobre el lienzo.
Los primeros días los pasó aprendiendo a inhibirse ante los pintores, escuchaba como le indicaban que se tumbase o sentase o que de determinada forma mostrara sus músculos e incluso sus genitales.
De estatura media, su cuerpo era la de un hombre ya hecho, aunque no de gimnasio,  por exigencias del guion se había depilado. Según la profesora eso era lo único fácil de imaginárselo.
Aquella tarde como todos los viernes se acercó ya vestido a la mesa de la exigente profesora para recoger el sobre con sus honorarios semanales. Está le entregó su minuta, al tiempo que le consultó si podría posar para ella a nivel privado. Sorprendido, aún a sabiendas que dada la perfección de cómo la gustaba hacer las cosas sería una tortura.
Aceptó. A la mañana siguiente acudió al estudio a la hora convenida. Oyó como ella le indicaba que se desnudase, que salía ahora mismo.
Desnudo ya tardó unos segundos en verla. Ella no llevaba su bata llena de pintura, sino unos shorts rojos con una camiseta blanca a juego que dejaba libre un cuerpo más que bonito.1762974050_fa5e32d3d5_b
Debía posar primero de pie con una pierna hacia fuera en actitud relajada, los brazos a ambos lados del cuerpo sueltos.
Ella pintaba el boceto de el modelo con maestría, sabiendo como lo quería, el se sentía muy a gusto entre sus pinceles.
Se finí. Vamos a tomar un café y descansamos. Vuelven al trabajo y en ese momento ella le dice que se excite un poco, ya que quiere dar un punto de erotismo a la obra. Algo avergonzado se acaricia su pene y este toma el aspecto deseado aunque con cierta desgana.
Entonces ella con la simpatía no acostumbrada decide ayudarle. Se quita la camiseta liberando unos senos duros, equilibrados y coronados por unas aureolas obscuras en los que apuntan hacia el cielo unos pezones grandes y perfectos.
Se acerca a él y su boca recibe el miembro del modelo que empieza a tomar las dimensiones perfectas para ella.
Así está bien. Más tarde comienza la sesión en un sesenta y nueve perfecto donde sus lenguas exploran sus sexos sin pudor alguno, para terminar a horcajadas recibiendo el pene del modelo,  y entre orgasmos inmensos un rio de semen la inunda por dentro.
Tumbados y exhaustos. Ella le susurra.
Quieres posar para mí.

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La Dama y el Gigoló.


nude-197066_640Suena el timbre anunciando la llegada de alguien a quien espera. Disponiendose a recibir al galán contratado minutos antes. Abre la puerta.
Es una mujer bella, de facciones duras aunque bonitas, sus senos firmes se coronan con unos pezones dulces que invitan a degustarlos, su cuerpo es armonioso y bello por lo que el Gigoló tendrá una agradable sesión de trabajo.
En el umbral de la puerta descubre a un joven quizá algo más musculado de lo normal, de mediana estatura y con un aspecto bastante atractivo.
La Dama estudia al joven con descaro sopesando si su inversión merecerá la pena. Comprueba su mayoría de edad, y le informa de lo que desea que la haga y de lo que espera.
El muchacho duda en responderla, hasta que acede a todos sus caprichos.
Ella se desnuda ante él, al tiempo que le manda a la ducha, espera unos minutos hasta que el Joven le muestra su cuerpo, que como había presentido es  apetecible.
Se besan sin pasión ni interés alguno, sus pechos no encuentran el rostro del amante y la fiesta promete ser un fracaso. Es entonces cuando sentados en el diván, la Dama le interroga casi con severidad no exenta de mal humor.
Joder tú para que te dedicas a esto.
El Gigoló sacando la sinceridad desde dentro la responde.high-heeled-shoes-507983_640

Señora yo no me dedico a esto, simplemente tengo hambre.
Lanzándole casi una mirada maternal, le lleva a la mesa, brindan con un buen vino y es entonces cuando la magia del momento les llena de calor.
Ahora se besan, se tocan, se muerden con pasión, agotando una lujuriosa noche de sexo.
Le siente dentro, se mueve con una recién aprendida sensualidad hasta que un rio de lava inunda su sexo llegando adentro. Se rompen gozando, sintiendose plenos y felices.
Abrazados todavía La dulce fémina alcanza su mano para darle un billete. El Novel amante se lo devuelve y con seguridad la responde.
Llámeme cuando quiera.
Para Usted siempre será gratis.

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