El lobo y la esclava.


hermosa mujer con perros en el bosque junto al río

La bella esclava satisfacía a su Dueño con obligado celo, pero sin ningún sentimiento, su boca recibía el duro miembro del bárbaro, que hurgaba dentro de ella sin miramiento alguno.
Así transcurría el día a día de la esclava y especialmente de otro esclavo al que amaba.
En los momentos que la ausencia de su amo era palpable, ambos se confesaban su amor con la prudencia adecuada para no ser descubiertos.
Pasaba el tiempo y maquinaban la necesidad de huir, para ello incluso pensaban en aprender a volar. Contemplando a las aves como bebían de su libertad imaginaban que ellos podían hacer algo igual, Soñaban hasta que llegaba la hora de ver las estrellas en el ya negro cielo.
Luego vendría el abuso del déspota que tomando sus cuerpos les llenaría de ultraje, hasta dejarlos exhaustos y sucios por dentro.
Pero un día de tormenta viendo los troncos de árboles caídos flotar por el rio, pensaron que podían irse. Aprovechando un remanso saltaron a uno de ellos para sortear el peor momento de su vida.
Sería cambiar la vida por la muerte, pero en ese momento era realmente la mejor oportunidad para nacer de nuevo. La tormenta les separó para malheridos afrontar la nueva suerte en soledad.
Amanece después, un día en calma y los azules ojos de la joven esclava chocan con la figura de algo peligroso, era un lobo de un pelage gris, que la había reanimado a base de darla su calor.
Pasan los días cargados de tristeza para ella, alimentándose de lo poco que toma de la Madre Naturaleza, pero segura y cuidada por el cánido que todos los días sale a buscar al amante de la esclava.
Hasta que en una noche estrellada la despierta suavemente para entregarle a su amado. Las lágrimas de ambos se mezclan para regalarse muchos te quiero, sus cuerpos se funden en uno y esta vez si amaría la bella joven al hombre que deseaba, sin límites de pasión.

efe {LL}

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Contrastes.


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Cuanto más la miraba más inaccesible le parecía, su piel tostada encajaba en un rostro hermoso en el que cabían dos ojos verdes que por sí solos hablaban. Los rojos labios de la muchacha realizaban un contraste bello que coincidía con su cuerpo.
Todos los días se cruzaban sus destinos, pero para el eterno admirador la oportunidad jamás se presentaba.
Pensaba que esa mujer tan bella jamás le diría “Hola” Ya que los hombres sencillos y normales como el no podían degustar esos manjares,
Pero hete aquí el dios Eros en conspiración con Cupido le haría un arreglillo para ponerle en el buen camino.
Aquella mañana su voluntad se puso al servicio de sus deseos y sacando fuerzas de dentro abordó a la bella Diva.
Sin ya miedo y menos vergüenza la confesó su amor, la suplico sus besos y la prometió su fidelidad eterna.
Esperando ya su desdicha. Vio como los ojos de la joven se llenaban de luz para mirar al joven Romeo que ya sentía lo peor.
Un beso fue a parar a su boca para después escuchar.
Porque no llegaste antes.
Años después sus cuerpos ya se conocían, bebían en aguas transparentes gozando sin tregua, ya que un día unos preciosos labios entregaron un beso a alguien que con cariño lo supo guardar hasta la eternidad.

Esta historia estoy seguro que es real, los contrastes entre lo inmenso y lo pequeño, lo bello y lo feo, logran tejer grandes lienzos.
Pienso que no todo encaja matemáticamente. Por lo menos en la cosas de dentro, eso si cuando trastean Cupido y Eros. Algo cambia…

Efe.

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La llamada.


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ORIGEN DE LA IMAGEN

La llamada.

Su cotidiana soledad la había animado a viajar el fin de semana antes de la reunión de trabajo. Ya en el Hotel, después de una agradable ducha, saboreando un vodka con naranja, casi desnuda intenta concentrarse en lo que está leyendo.
Suena el móvil, lo descuelga y escucha como una varonil voz pregunta por una persona, desilusionada responde que está equivocado. Pero sin tiempo para saldar la llamada, escucha como le cantan un número que efectivamente coincide con el suyo. De nuevo le aclara que está equivocado que ella no es la persona a quien él llama.
Sin tiempo para reaccionar entonces escucha.
¿Bueno y quien eres tú ?
Presentándose. La aclara. Yo soy Alberto.
Entonces por inercia ella le contesta.
Yo soy Laura.
Encantado de conocerte. La responde alegremente.
Con una perplejidad impensada, continua hablando con su espontaneo interlocutor hasta saber, que está en la misma ciudad, que le apetece compañía y que si a ella le place pueden conocerse.
Alberto además de simpatía, vende confianza, por lo que  inexplicablemente, al rato esta en su cama comiéndosela a besos.
Sabes que en este caso mis deseos son órdenes.
La informa, con un descaro inusitado.
Mas sorprendida aún, con una increíble seguridad ella le contesta.
Si. Señor.
Más tarde comprueban que el servicio de habitaciones funciona de maravilla, por lo que se dan el gusto de brindar con champan. Después fabrican una noche de pasión desenfrenada.
Se despiden y esta vez se cruzan los teléfonos con la promesa de volver a encontrarse.

Efe {LL}

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