El deseo.


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El deseo

En la penumbra de una fría tarde de otoño.
Desnudo y tembloroso el tormento espero.
Mis pies rozan el suelo,
para  recibir el flagelo.

Dulce castigo mi alma desea.
Más mi cuerpo espera,
pero mi Dueña me lo niega.

Al fin el dolor llega,
con placer se mezcla,
mi ser se serena.
Azotes, amor y deseo se vuelven placenteros.

El duro látigo la piel lacera.
Con lágrimas el placer deseo,
al fin de amor y pasión me lleno.
Amor, placer  y dolor espero.

Efe {LL}

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Contrastes.


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Cuanto más la miraba más inaccesible le parecía, su piel tostada encajaba en un rostro hermoso en el que cabían dos ojos verdes que por sí solos hablaban. Los rojos labios de la muchacha realizaban un contraste bello que coincidía con su cuerpo.
Todos los días se cruzaban sus destinos, pero para el eterno admirador la oportunidad jamás se presentaba.
Pensaba que esa mujer tan bella jamás le diría “Hola” Ya que los hombres sencillos y normales como el no podían degustar esos manjares,
Pero hete aquí el dios Eros en conspiración con Cupido le haría un arreglillo para ponerle en el buen camino.
Aquella mañana su voluntad se puso al servicio de sus deseos y sacando fuerzas de dentro abordó a la bella Diva.
Sin ya miedo y menos vergüenza la confesó su amor, la suplico sus besos y la prometió su fidelidad eterna.
Esperando ya su desdicha. Vio como los ojos de la joven se llenaban de luz para mirar al joven Romeo que ya sentía lo peor.
Un beso fue a parar a su boca para después escuchar.
Porque no llegaste antes.
Años después sus cuerpos ya se conocían, bebían en aguas transparentes gozando sin tregua, ya que un día unos preciosos labios entregaron un beso a alguien que con cariño lo supo guardar hasta la eternidad.

Esta historia estoy seguro que es real, los contrastes entre lo inmenso y lo pequeño, lo bello y lo feo, logran tejer grandes lienzos.
Pienso que no todo encaja matemáticamente. Por lo menos en la cosas de dentro, eso si cuando trastean Cupido y Eros. Algo cambia…

Efe.

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